Imaginá cada pulso como una cajita donde entra todo lo que suena: en algunas cajitas caben dos sílabas y en otras una sola. Con "La farolera" y "Algarrobo algarrobal" ubicás cada sílaba en su cajita y después marcás con puntos y rayas cuáles sonidos son cortos y cuáles largos. Es tu primer dictado rítmico sin saber leer música, y es el método al que conviene volver cada vez que un ritmo se te haga difícil.
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